domingo, 10 de marzo de 2013

Cinco lugares comunes sobre los paros

Por: Armando Montenegro


Las Farc y Álvaro Uribe se unieron en su apoyo al costoso paro cafetero, una seria alteración de la economía y el orden público en el occidente de Colombia. La guerrilla respaldó este movimiento para ablandar al Gobierno en la mesa de negociación y movilizar grupos que podrían ser sus aliados en las próximas elecciones. Y el aguerrido expresidente, al parecer sin mayor incomodidad, se puso del lado de su odiado adversario para golpear a Santos, para tratar de mostrar que el país se le está saliendo de las manos y, de esta manera, debilitarlo en su campaña de reelección (esta coincidencia entre Uribe y la guerrilla va más allá de las recientes protestas. Desde hace meses, la opinión pública tiene la sensación de que el líder del Ubérrimo celebra las dificultades que se le crean al Gobierno por los atentados guerrilleros).
El amigo de mi amigo es mi enemigo. Después del fracaso de la primera negociación cafetera, ocurrida el fin de semana pasado en el seno del Comité Nacional de Cafeteros, fueron relevados los negociadores principales de ambos bandos. A nombre de los cafeteros ya no llegaron el gerente de la Federación y los jefes de los comités departamentales, mirados con desdén por los grupos más rebeldes. Los protagonistas, en cambio, fueron los líderes de Dignidad Cafetera y otros movimientos semejantes. Y, a nombre del Gobierno, en lugar de los ministros, el jefe de la negociación fue el propio Angelino Garzón, quien fue recibido como un amigo de los huelguistas, una señal inequívoca, de entrada, de que el vicepresidente venía a girar de la chequera del Ministerio de Hacienda.
El que no muerde no come. La solución del paro camionero muestra el enorme poder que ha ganado el gremio de los transportadores. Después de haber doblegado varias veces al célebre Andrés Uriel Gallego, al comienzo del gobierno Santos derrotó sin atenuantes al ministro Cardona en su intento de eliminar la tabla de fletes. Y, ahora, con el bloqueo de las carreteras, obligó al Gobierno a reducir el precio de los combustibles. Logró en unas horas, a punta de camiones atravesados, lo que no consiguió el senador Velasco, por medio de sus discursos, en decenas de foros y debates pacíficos y razonados.
La revaluación crea más revaluación. La solución a todos los paros fue por cuenta de las finanzas públicas. Plata para los cafeteros. Plata para los cacaoteros. Plata para Ecopetrol para compensar la rebaja del precio del diésel. Lo paradójico de la solución de estos problemas, causados en buena parte por la revaluación del peso, es que agrava el desequilibrio fiscal, reduce el ahorro del Gobierno y, por lo tanto, ahonda la causa profunda de la misma revaluación. Es fácil prever, por lo tanto, que en el futuro habrá más revaluación y que sus impactos se seguirán sintiendo en toda la economía.
Más de lo mismo. La sociedad colombiana está avisada de que, en buena parte, estos incidentes son el reflejo de la confrontación política generada por las elecciones del próximo año y las presiones de las Farc para posicionarse en la mesa de negociación y, si se logra la paz, en la lucha electoral. A la luz de estos hechos, es posible que en los próximos meses se siga presentando una agitación importante en la vida colombiana, probablemente, como hasta ahora, por fuera de los cauces institucionales.
Tomado de: El Espectador

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