lunes, 19 de septiembre de 2011

Carreteras, así no se puede

Jorge Giraldo Ramírez | Medellín | Publicado el 19 de septiembre de 2011


En reciente edición este diario tituló "Autopistas, ilusión para después de 2023", en referencia al ya famoso proyecto de Autopistas de la Montaña. Se habla del presupuesto de 15 billones de pesos y, con cierto desconsuelo, se dice que "no hay bolsillo de donde sacar toda esa plata" (El Colombiano, 16/09/11).

Exactamente en la víspera un noticiero de televisión aseguró que la Superintendencia de Puertos y Transporte se aprestaba a condonar las deudas por multas de los transportadores de carga. La relación es clara. La platica que los transportadores le deben al Estado suma 9 billones de pesos. De ese monto, 6 billones corresponden a 180 mil multas, de 700 salarios mínimos mensuales cada una, por concepto de sobrepeso en los camiones. El mismo sobrepeso que destroza lentamente la precaria infraestructura vial del país. El superintendente Juan Miguel Durán justificó la medida diciendo que "si ejecutamos esta deuda dejaríamos en la quiebra a todo el sector" (CM&, 15/09/11).

Todos los mensajes que resultan de relacionar estas dos noticias son fatales. El Estado -en cualquier nivel y con pocas excepciones- sigue negándose a hacer las inversiones estratégicas que requiere el país, háblese de infraestructura o servicios sociales. El Estado continúa favoreciendo a los agentes privados en detrimento del bien público. Ahora puede ser un escándalo que no les cobren las multas, pero lo cierto es que hace décadas los transportadores de carga son beneficiarios del Estado por otra vía y es que "los fletes en Colombia son un precio político, atribuible al poder de los camioneros y no al funcionamiento de la economía del sector de transporte de carga" (Carlos Caballero Argáez, El Tiempo , 25/02/11).

El problema de las carreteras no es sólo lo que pasa por encima. También lo que se instala sobre ellas y quienes las construyen. ¿Revisaremos algún día el sistema de peajes? En la Troncal del Café en medio de 20 kilómetros de vía destruida entre Caldas y Amagá existe un peaje que sigue cobrando cada paso sin vergüenza y cuya principal inversión es una pancarta naranja que dice "transite bajo su responsabilidad".

¿Y los que hacen las carreteras? Me limito a citar a Caballero Argáez: "la corrupción, el clientelismo y el afán de lucro acabaron con la ingeniería" ( El Tiempo , 06/05/11). Caballero, a su vez, se apoyaba en el rector de la Universidad de los Andes Carlos Angulo, quien había dicho que "ya no hay empresas de ingeniería sino de contratistas del Estado, con más abogados que ingenieros" ( Semana , 25/04/11).

Y encima está el invierno, que no es que sea del otro mundo, sino que cuando caen agua y piedras sobre carreteras mal hechas y mal mantenidas, los daños se tornan serios. Pero si además la Corte Constitucional no deja atender a tiempo la emergencia pegada de una leguleyada, el tema de carreteras se torna catastrófico.

Si Colombia aprendiera a hacer carreteras modernas, con empresas eficaces y profesionales, si liberara el mercado del transporte de carga, si el Estado pensara seriamente que el libre tránsito de personas y mercancías es básico para el desarrollo, otro sería el cantar. Autopistas de la Montaña puede ser una oportunidad.

Tomado de: Elcolombiano.com

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