lunes, 7 de marzo de 2011

La economía política de la productividad


Publicado: 03/04/2011 en www.dinero.com

Puesto que la productividad consiste en producir más con los mismos recursos, debería ser un objetivo para cualquier sociedad. Pero los sistemas políticos y los gobiernos hacen muchas cosas contrarias.

Por: Eduardo Lora


Según concluye un estudio del BID, los países latinoamericanos están cada vez más lejos de los niveles de ingreso per cápita de los países desarrollados, no por falta de inversión, sino porque usan mal los recursos productivos, debido a políticas que premian la ineficiencia, desestimulan la competencia y la innovación, o desvían recursos hacia actividades rentistas o improductivas.

Poderosos obstáculos de economía política impiden cambiar este estado de cosas. Superarlos depende de cinco acciones clave: entender, coordinar, bloquear, ejecutar y persistir.

Entender los efectos que tienen las políticas sobre la productividad es la primera tarea. Es fácil entender que ampliar el acceso al crédito, mejorar la infraestructura de transporte o elevar la calidad de la educación son políticas favorables a la productividad. Pero es más difícil entender -y aceptar- que muchas políticas bien intencionadas son contrarias a la productividad. Dos ejemplos son dar subsidios a empresas que generan mucho empleo pero que son ineficientes, o poner impuestos a las empresas más productivas para financiar programas de apoyo a los informales o a microempresas que no pagan impuestos.

Coordinar a los políticos, el gobierno y el sector privado es el segundo desafío. Por ejemplo, desarrollar un sistema de transporte de carga integrado y eficiente requiere concebir un plan coherente y viable, expedir normas legales para adecuar la regulación, movilizar recursos fiscales, encontrar financiamiento doméstico y externo, y lograr asociaciones entre el sector público y el sector privado para desarrollar y operar la infraestructura. Esto es difícil cuando hay demasiada fragmentación y cortoplacismo en los sistemas de decisión política o en las estrategias de negocios del sector privado, o cuando no hay un mínimo de confianza entre las partes involucradas.

Bloquear a los buscadores de rentas no es un reto menor. La corrupción y el parasitismo prosperan mejor en sistemas políticos monolíticos o demasiado fragmentados, donde no pueden funcionar los controles mutuos entre las ramas ejecutiva, legislativa y judicial. También tienden a prosperar en países abundantes en recursos naturales que no han logrado diversificar sus economías. Pero los buscadores de rentas pululan en todo tipo de países, pobres o ricos, y tanto dentro del gobierno como en las empresas y agremiaciones privadas. Bloquearlos requiere no solo de buenas instituciones, sino también de liderazgo.

Ejecutar bien las decisiones de política es el cuarto eslabón para alcanzar la productividad. No hay buenas políticas sin buenas burocracias estatales, comprometidas con el bien público. Pero la buena ejecución de las políticas depende también de la presencia de entidades académicas, organizaciones no gubernamentales u organismos internacionales que en virtud de su independencia y credibilidad ayuden a sortear las dificultades y a supervisar el cumplimiento de los compromisos que implica cualquier decisión de política pública.

Y, por último, hay que persistir hasta ver los frutos. Las políticas públicas o las inversiones privadas que más ayudan a elevar la productividad no son usualmente las que dan efecto inmediato sino las que requieren de un periodo largo de desarrollo y consolidación. Ello requiere contener la impaciencia propia de las democracias, lo cual es más factible cuando hay partidos políticos estructurados, debates públicos intensos y rotación institucional del poder. Para que los inversionistas privados persistan en sus esfuerzos también es preciso que haya estabilidad en las políticas macroeconómicas, lo cual es más probable si hay un banco central independiente y unas reglas de comportamiento fiscal que exigen ahorrar durante los buenos tiempos para poder enfrentar los malos tiempos.

Brasil, Colombia, Chile y Perú están entre los países latinoamericanos mejor posicionados para aprovechar la creciente demanda mundial de productos básicos en los próximos años. No solo tienen la dotación adecuada de recursos naturales, sino también sectores privados dinámicos, democracias bien arraigadas e instituciones económicas sólidas. Aun así, para convertir esta oportunidad en niveles más altos de productividad e ingresos tendrán que sortear numerosos obstáculos de economía política.

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